Como siempre señalamos: cada persona realiza su camino de diferente manera, por lo que hay que comprender y respetar las diferencias, y por ende NO COMPARAR.2) No tomes decisiones por ellos. No guarden las ropas o la cuna del bebé si ellos no piden. No escondan las “huellas” de su hijo en su casa o en tu casa. No decidas por ellos en lo referente a la despedida tanto en el velatorio como en el entierro. Si ayúdalos en los trámites burocráticos o en acercarle la comida o limpiar la casa.
3) Llamalos PAPÁ O MAMÁ. Porque murió su hijo no dejan de ser papás y mamás. No olvides felicitarlos en el Día del Padre y de la Madre, y de darles un obsequio, así como lo haces con otras familias o amigos. Si está a tu cargo el regalo de los padres y madres en tu oficina, no olvides de incluir a ellos. Recordá la fecha de nacimiento y de fallecimiento de su bebé, y llamalos o encuentrate con ellos. No tengas miedo de decir el nombre de su bebé.
4) Invítalo a las reuniones y no te canses aunque tengas negativas. Tené especial cuidado de no hablar mal de tus hijos o de quejarte de ellos enfrente a unos padres en duelo. Ellos están con los brazos vacíos y vos estás quejándote de los tuyos. Ellos te pueden enseñar que cada segundo es un milagro.
– A TENER EN CUENTA POR LOS PADRES EN DUELO
1) Eviten escuchar a las personas que – aunque con buenas intenciones – pueden decirte que es mejor estar aislado por un tiempo. El aislamiento no solo te aleja de tus familiares y amigos, sino puede crear inconvenientes entre tu pareja y vos, y tus otros hijos (de tenerlos). Las frases hechas que dicen tus seres queridos surgen porque la muerte es un tema tabú en la sociedad y además la muerte les hace pensar en su propia muerte, y les da mucho miedo. Tratemos de hacerles entender que la muerte es parte de la vida, y que el amor es más grande.
2) Cuando te sientas mal – en alguna reunión familiar o de amigos – por alguna palabra o frase que te hiera, contá hasta 10 – si es posible hasta 100 – y salí a respirar aire puro y a pensar en el amor incondicional de tu hijo. Luego retorna a donde estabas y tratá de explicar con palabras o con gestos que esas palabras te lastimaron. Verás que ellos te agradecerán el explicarles realmente como te sentís.
3) El duelo es muy cansador, imagina que encima que estás experimentando un dolor giganteco, estás intentando volver a interactuar con tus seres queridos sin ser lastimado. Alimentate bien, descansá el tiempo que necesites, respirá hondo, y si es posible realizá actividades como yoga, pasear a tu mascota o meditar. Eso te ayudará mucho a poder encontrarte con esa persona que paso a paso está renaciendo.
4) Ya no soy el mismo. Ya no soy la misma. Obviamente hay un antes y un después tras la muerte de un hijo. Que en esa etapa de cambios puedas redescubrir a ese papá y a esa mamá que dio todo por su hijo, a ese ser humano incondicional. Buscá nuevas actividades en las cuáles puedas desarrollarte, que tu angelito te impulsó a realizar. Verás que hay una nueva persona esperando por brillar en vos. No te olvides que tenes una luz eterna allá arriba que está guiando tus pasos.
]]>También pasé por una etapa de llanto y la sigo pasando a veces, también me arrastre, grite, pedí explicaciones al Cielo, me pelee con la vida, con mi esposo, con algunos amigos, con mi hermana, con mi gatito y hasta con Dios y estuve tentada de cuestionar su plan perfecto para mí, cómo podría ser perfecto sin Brunito a mi lado?
El dolor no sólo es emocional, espiritual, el dolor era físico, me dolía la cabeza, jaquecas terribles, me dolía el pecho, el corazón como músculo, como órgano vital. Hay días que el cansancio es inexplicable, cómo si dormí tantas horas puedo seguir cansada? Cómo me duele si no hice ningún esfuerzo físico? Es el alma que ya no puede con tanto dolor y le pide auxilio al cuerpo.. Empezamos a hacer caminatas con mi amiga adorada Jazi, una hora entera que no parábamos de hablar y caminar, me hizo muy bien, después abandoné nuevamente por llorar todas las tardes después del trabajo, era la hora de estar con Bru y Bru no estaba. Hace un tiempo empecé a ir al gym, hago spinning, me ayuda muchísimo a liberar las tensiones, a pensar en nada por al menos una hora diaria y por supuesto ni hablemos de salud y control de peso que buena falta me hacen. El dolor poco a poco se atenúa pero jamás y seamos bien concientes de ello jamás desaparecerá.
También en este camino de duelo me tocó compartir tristemente la alegría de algunos seres queridos, los cumples de mis sobrinitos, los embarazos de amigas y lo último el embarazo de Lili. Dios sabe lo feliz que me hizo esa noticia, lo mucho que ya le quiero a este bebé pero también sabe todo lo que sufro porque Bruni va a tener un primito o primita y no está aquí para disfrutarlo. Los acontecimientos familiares ahora duelen, los días festivos ya no lo son, son tristes.
Me haría muy mal que no quieran nombrarlo, o que quieran que me deshaga de sus cosas, que guarde sus fotos, sus juguetes, todo en casa sigue como Bruni lo dejó y así seguirá, El vive en nuestros corazones pero también necesito que viva en todo lo que toco y veo. Mi familia y amigos saben esto y gracias a Dios lo respetan, que quede claro que preguntarme como estoy está permitido, hablar de Bru está súper permitido. Lo que está prohibido es olvidar todo lo bello que vivimos a su lado, todo lo lindo de la vida que El nos enseñó, todas las risas que nos regaló.
A lo largo de este camino de duelo pude también reconocer el valor de la familia unida, la fortuna de tener amigos incondicionales; me gustaría mencionarlos a todos pero son tantos; mis amigas del alma (verdaderas hermanas), mis amigos entrañables del CEPB y la facultad, mis amigos y hermanos en la Fe de San Cristóbal, mis colegas mamitas hermosas de Ángeles Divinos, muchas personas que comparten conmigo una ausencia y a la vez una presencia únicas en nuestras vidas: BRU.
Bien dicen que la vida está hecha de momentos, Brunito me enseñó a vivir plenamente los momentos, a disfrutar cada risa y cada lágrima, no puedo y no debo ignorar las enseñanzas de mi pequeño Sabio, vivo los momentos tal como son, únicos e irrepetibles.
El duelo, mi duelo es el momento que hoy me toca vivir y es duro, pero y para todo siempre hay un pero.. Lo acepto porque debo ganarme el Cielo, debo seguir creyendo, debo seguir firme en mi decisión de confiar en Dios; es la única manera de volver a reencontrarme con El, el que enciende mi motor todas las mañanas, mi mayor inspiración, mi mejor logro a través del milagro del amor, mi hijo, mi nini, mi cielo, mi vida, my sunshine… Brunito Jesús Nicholas!!!
]]>A LOS PADRES DE BEBÉS FALLECIDOS
Renacer
Los padres que ven partir a su hijo de solo unas horas, días o pocos meses de vida, y aún aquellos que vieron nacer a su hijito ya muerto en el vientre de la madre, muchas veces viven su dolor en soledad.
Luego de trascurridos los primeros días después de la partida, familiares y amigos van espaciando sus visitas y finalmente la pareja queda sola. Y esto se cumple aún antes que en los duelos que involucran niños de más edad o adolescentes. La idea general es que si no llegaron a conocerlo, a convivir con él o ella, si lo tuvieron tan poco tiempo, seguramente pronto se consolarán, tendrán otros niños, son tan jóvenes…” Estas ideas se basan en un desconocimiento de la situación real que viven un padre y una madre que han perdido su bebe. Ideas que hacen que la mayoría de las personas los contemplen incrédulos cuando luego de trascurridos años, estos mismos padres dejan escapar lágrimas ante la sola mención de su nombre. Verán a madres que después de la partida prematura continúan usando ropa de embarazadas como una forma de negar esa realidad tan dolorosa y prolongar la ilusión del pasado. Y serán testigos de padres que se sientan horas frente a la tumba de su hijito preguntándose “cómo hubiera sido de haber vivido”. O si hubo algo que la madre hizo mal por lo que el bebé murió tan pronto. Y las respuestas parecen no llegar.
Estos padres se preguntan una y otra vez: ¿Para qué vino al mundo si se nos iba a ir tan pronto?, ¿Por qué Dios nos permitió concebirlo si luego nos lo iba a arrebatar así?. Este dolor no comprendido por otros, tiene que ver con largos meses de “títulos espera”. De planes y proyectos que incluían a ese ser que no conocían pero al que ya amaban. Planes y proyectos que se inventaron solo por él y para él. Tiene que ver con largos conciliábulos familiares para elegir un nombre, y con toda una vida soñada mientras ese ser crecía dentro del vientre de su madre. Los padres de estos niños logran expresar un vívido y tierno retrato de sus hijos y sus rostros se iluminan ante la oportunidad de hablar de ellos: “él observaba todo con grandes ojos asombrados, como si quisiera abarcar el mundo en esa mirada, como si supiera que iba a partir…” “era un bebé tan especial, tenía una gran dulzura, siempre regalándonos sonrisas, siempre de buen humor…” “se comunicaba con nosotros a pesar de no hablar aún, con sus ojitos, sus sonrisas y sus llantos…” Y aún los padres que vieron nacer su hijito muerto, comentan con que vividez recordaban la forma en que se movía dentro de la madre: “me acariciaba o se sorprendía o me llamaba la atención cuando yo debía cambiar de posición porque se encontraba incómodo…” Si, hay recuerdos vívidos, dulces, intensos. Y hay muchas, muchísimas ilusiones truncas: proyecciones a un futuro que nunca llegará, no con ese ser. Hay un nombre que nunca será nombrado, hay una cuna vacía y un oso de felpa sin dueño. Y hay miedos. Miedo de no ser capaz de llevar a término un embarazo normal, de haber hecho algo mal que causara directa o indirectamente la muerte del niño. Y son tantas las veces en que las causas no se conocen con certeza, y son, en su mayoría ajenas a los padres. Estos sentimientos deben ser verbal izados, deben expresarse abiertamente para que no se conviertan en fantasma y llegue el esclarecimiento con el aporte o el enfoque positivo a través de aquellos que tienen la capacidad, amor y fortaleza para ayudarlos a discernir, a elaborar y superar esos miedos, esas culpas tan destructivas. Aquellos que pueden ver más allá del dolor, porque sobre estos sentimientos negativos no se puede comenzar a construir.
Elisabeth Kubler-Ross sintetiza su experiencia de décadas en el campo de la tanatología en unas simples, claras y hermosas palabras. Ella llama a los niños al mundo por un breve momento con una misión específica: la de transformadores espirituales de sus padres.
Viktor Frankl (padre de la logoterapia) dedicó una de sus obras a su hijito concebido solo cuatro meses antes de que su esposa fuera obligada a abortar en un campo de concentración durante la segunda guerra mundial. Para Frankl, la breve vida de su hijo tenía un sentido muy importante, que trascendía la tragedia y el dolor, porque había sido concebido en el amor y era ese mismo amor el que le hacía decir en su libro “The Unheard Cry for Meaning” (El grito no escuchado por n sentido): “A Harry o Marion, un niño no nacido.” El sentido de la breve existencia física de estos seres, quizá tenga que ver con ese nuevo sentimiento de dulzura y alegría interior que los padres experimentan al concebir esa vida: con esa expandida capacidad de amar que los padres descubren en su interior y que siempre estuvo allí pero que fue a través de sus hijos que la despertaron. Y esa incrementada capacidad afectiva no desaparece con la partida del hijo.
Es parte de nosotros y si ellos nos ayudaron a descubrir es en su homenaje que debemos cultivarla para dar, dar todo el amor de que somos capaces, y en nosotros reside el que, el paso de estos seres por el mundo, no importa cuan fugaz, no haya sido en vano. Que haya despertado en nosotros a seres más compasivos más fuertes, más solidarios, porque habremos aprendido, crecido, y madurado en el dolor, descubriendo, y para siempre, esa nueva e incondicional forma de amar.
Alicia Shneider de Berti – Gustavo Berti
“Renacer”-Río Cuarto- Año 1992.
Una nueva visión del duelo (*)
Por Diana Liberman (**)
Si bien es cierto que desde principios del 1900 ya se comenzaba a discutir –desde el punto de vista psicoanalítico- sobre el duelo y sus implicancias, lo cierto es que su tratamiento y estudio es mucho más reciente.
En función de esto, creo importante referirnos a un tema que se relaciona con los modelos tradicionales del duelo y sus limitaciones.
Distintos autores, afirman que el duelo tiene un comienzo, un proceso y un final. Muchas personas se preguntan cuánto dura ése proceso, cuándo finaliza, en realidad este es un proceso incierto, con altos y bajos.
La nueva concepción del duelo a la que deseo referirme se relaciona con el constructivismo, una línea de pensamiento que sostiene que la realidad se construye y que no es algo que está dado a priori.
Esta nueva mirada del duelo tiene que ver mucho más con lo individual, dado que cada proceso es diferente según una serie de variables personales. Esta modalidad habla de una continuidad y no de un cierre o final. El paciente tiene como tarea, buscar un sentido y un significado a su pérdida, y esto es un camino individual y único, puede estar triste o enojado, pero también se entremezclan muchas otras emociones.
Existe, por otra parte, una nueva idea que tiene que ver con la continuidad del vínculo, en la que no se trata de olvidar al que murió, sino incorporarlo a la nueva realidad de su vida. Y esto de no tener que cortar el vínculo provoca un gran alivio: “Yo ya no tengo que separarme del que falleció sino que tengo que cambiar o iniciar un nuevo modo de relacionarme con el mismo”.
Un escritor inglés C.S.Lewis , autor de “Una pena observada”, considerada como la más notable descripción del duelo hecha en lengua inglesa , nos dice, luego de haber perdido a su pareja que la muerte es sólo otro paso de una misma danza, y no otra danza. Esta idea nos propone pensar la muerte como parte del ciclo de la vida y percibirla como un cambio de estado.
El desafío que impone el duelo, trae aparejado nada más y nada menos que ,una tarea para nada sencilla que es la de aprender a vivir con la ausencia, y encontrarle un nuevo sentido a la existencia.
En verdad, aún hoy, muchos especialistas que ayudan a personas que sufren pérdidas significativas intentan ayudar al doliente a cómo decir adiós, teniendo en cuenta ésta variable como un modo en su recuperación. Por mi parte, creo en la importancia de aprender, no a cómo decir adiós, sino a desarrollar nuevos modos de vinculación con ése otro que ahora ya no está presente físicamente. Porque la vida continúa, aunque ya no sea igual que antes. La nueva vida incluirá la ausencia del ser querido, dicho de otro modo, será una vida en donde la ausencia pasará a ser una presencia.
Esta nueva concepción modifica los modelos tradicionales del proceso de duelo.
Lindemann , subdividió al duelo en diferentes etapas: la etapa de conmoción, la de incredulidad, la de dolor agudo y la de resolución. Pero la que más influenció en todo el desarrollo del duelo, posteriormente a Freud (Duelo y Melancolía, 1913), es la Dra.Elizabeth Kubler Ross, una psiquiatra que se especializó en ayudar a las personas a morir dignamente, en su libro de 1969, “Sobre la Muerte y el Morir”, se centra en la transición emocional. Si bien ella trata de describir cómo son las etapas de transición en un paciente moribundo, utiliza ésta misma clasificación para describir las etapas por las que atraviesa un deudo luego de haber sufrido una pérdida significativa, éstas son: la negación, la ira, la resignación, la depresión, y por último la aceptación.
Los teóricos del Duelo tomaron esta clasificación y desarrollaron sus propias teorías.
Worden habla de las tareas del duelo:
1) Aceptar la realidad de la pérdida
2) Trabajar las emociones y el dolor de la pérdida
3) Adaptarse a un medio en el que el fallecido está ausente
4) Recolocar emocionalmente al fallecido y continuar viviendo
Parkes, psiquiatra muy importante por sus investigaciones en Duelo, habla de distintas fases:
Al principio habla de una fase de shock, luego de una fase de anhelo y búsqueda de la figura perdida, luego de una fase de desorganización y desesperanza, y otra final de reorganización. Estas concepciones, están vigentes aún y han sido de mucha utilidad en el trabajo con personas en duelo
Por mi parte elijo como un intento de comprensión de los procesos de duelo , una concepción más innovadora que es la que ha desarrollado el Dr. Robert Neimeyer, psiquiatra americano que , lidera ,de alguna manera una nueva mirada acerca del duelo, desde una línea sistémica, cognitivista y constructivista ,incluyendo la narrativa.
Describe distintos momentos del duelo en una clasificación un tanto más laxa que las anteriores, él habla de: evitación, asimilación y acomodación, como diferentes momentos que marcan un continuum dentro del proceso. La evitación correspondería a la fase de embotamiento, conmoción, incredulidad o shock y sería ése 1er período en dónde la gente suele decir, “no puede ser, no puede ser cierto, no, no, no”, es tan desbordante el número de sentimientos que se ponen en marcha y es tan grande el impacto que produce la muerte del otro que equivaldría a permanecer mirando el sol por un largo período sin esconder la vista, situación que nos dejaría ciegos-Un segundo momento es la asimilación, que tiene que ver con el conocimiento intelectual y emocional de la pérdida que provoca toda una revolución interior , y por último la acomodación que trae aparejada la aceptación de que ése otro ya no va a volver y coincide con el momento de reorganización de la vida.
Para R. Neimeyer ,éstos son diferentes momentos que a veces se superponen ,pero también él aclara que muchas personas no atraviesan éstas etapas o no las experimentan siguiendo una secuencia rígida o identificable, es decir la respuesta ,la secuencia y la duración de las reacciones varían mucho de una persona a otra.
Uno podría pensar el duelo como distintos estadios que se suceden, pero no rígidamente e intentar escuchar al consultante, evitando encasillamientos. Neimeyer plantea un modelo alternativo de duelo, basado en una teoría constructivista, narrativa, en dónde se pondría en marcha la reconstrucción de significados tras la circunstancia de una pérdida significativa. Porque, por ejemplo, es usual que, luego de atravesar una pérdida traumática (por su característica violenta o inusual), o una pérdida múltiple, (donde fallecen varios miembros de una familia), aparezcan predicciones pronosticas sobre la recuperación de los sobrevivientes .Sin embargo , deberíamos ser más cautos y considerar fundamentalmente él sentido que esa pérdida tiene para el consultante, dado que el impacto que produce una muerte está íntimamente ligado a una serie de variables únicas y personales que le dan a cada proceso un significado particular. Es común oír frases como: “mi padre tuvo una muerte divina”, ¿divina para quien?,se murió súbitamente, no sufrió.,otras veces escuchamos “si hubiera estado enfermo yo hubiera podido estar junto con el y despedirme”, es decir que el duelo pone en marcha la cosmovisión personal , para el duelo no hay un único sentido.
La construcción de los significados, se organiza alrededor de un conjunto de creencias que determinan la percepción que tenemos de los acontecimientos vitales y orientan nuestra conducta.
La muerte como acontecimiento puede validar o invalidar las construcciones que orientaban nuestras vidas, o puede constituir una nueva experiencia a la que no podemos aplicar ninguna de nuestras construcciones previas.
El duelo es un proceso personal y original caracterizado por una historia personal ligado al vínculo de intimidad que manteníamos con muestro ser querido
El duelo es algo que nosotros mismos hacemos, y no algo que se nos hace. El duelo me transforma en protagonista, es un proceso activo en dónde se ponen en juego mis propios recursos, de un modo especial y único.
El terapeuta se convierte en guía y apoyo, ayudando al consultante a reconocer y desarrollar sus propios recursos, pero también estimulando nuevos. La muerte de alguien que amamos resquebraja nuestra omnipotencia, nos hace concientes de todo lo que no podemos, son comunes frases tales como: “si no pude evitar la muerte de mi hijo, yo ya no puedo nada”, y desde ése lugar paralizante se suele esperar que el duelo siga su curso.
El trabajo terapéutico ayuda a transformar éste proceso en un trabajo activo valiéndose de diferentes técnicas que promuevan la memoria del ser querido a través de tareas, que incluyan rituales, ejercicios narrativos, y acciones adecuadas que funcionan como modos de conexión, recordación y elaboración de la pérdida
El duelo nos da la oportunidad de reafirmar o reconstruir el mundo personal de significados que han sido cuestionados por la pérdida. Nos permite comenzar a narrar una nueva historia, ya no puedo contar el mismo relato, tengo que recrear un nuevo capítulo de mi historia y poder construir un nexo de unión entre el pasado y el presente , para poder continuar encarando el futuro.
Dice Neimeyer: “cada sentimiento cumple una función y debe entenderse como un indicador de los resultados de los esfuerzos que hacemos para elaborar nuestro mundo de significados tras el cuestionamiento de nuestras construcciones, entonces, cada sentimiento cumple una función, y hay que dejarlo fluir”.
Hay que descubrir por dónde pasan las lágrimas que acompañan ése dolor, en los casos de la viudez, por ejemplo la pérdida del marido o la esposa contiene múltiples y variados sentimientos en relación a la pérdida y que varían de acuerdo al momento del duelo. Hay las lágrimas de bronca, otras de tristeza, en otras prima un sentimiento de soledad. Una mujer puede sentir que perdió con su marido el calor de su compañía o su status de mujer, y en otros casos puede sentir que perdió su proyecto de vida…, un hombre puede sentir que ya no tiene más familia, que ésta se ha disuelto con la pérdida de su esposa.
Construimos y reconstruimos nuestras identidades como sobrevivientes a una pérdida negociando con la realidad que tenemos que enfrentar. Nuestra identidad se resquebraja porque somos en relación a los otros, nuestra identidad se transforma, nadie es igual después de la pérdida.
Ésta nueva concepción contrasta con las teorías tradicionales centradas en etapas, tareas o síntomas generales, como aplicables a todos los individuos afectados por la pérdida. Por el contrario estas teorías ponen de manifiesto hasta que punto los factores personales, familiares y culturales son fundamentales y le dan un perfil único a cada proceso de duuelo .No es posible estandarizar un proceso que si bien es universal, tiene la característica especial de ser único.
Robert Hagmann, otro autor que sigue la misma linea de R. Neymeyer, cuestiona los componentes del modelo estándar cuando éste describe un proceso normal de duelo, desde lo intrapsíquico,en dónde la función del duelo es más conservadora y restauradora que transformadora.
Él presenta el nuevo modelo como proceso transformador. Éste planteo parece más esperanzador , muy ligado al tema de la resiliencia ,es decir, la capacidad que tiene un individuo de sobreponerse y crecer a partir de una situación traumática. De éste modo es posible pensar que una pérdida puede traer aparejada una ganancia, el dolor puede ponernos en contacto con aspectos desconocidos de nosotros mismos y podemos aprender y crecer con ella.
Otros aspectos importantes del modelo tradicional, es pensar que todas las emociones que se ponen en marcha durante el proceso están programadas a priori y que si se reprimen estamos frente a un estado patológico. En realidad, es importante poder averiguar cual es el sentido que tiene para ésa persona la negación porque puede ser un mal camino o sólo una postura inicial defensiva.
Surge la pregunta: ¿las etapas se tienen que dar si o si en todos los procesos, y el saltear alguna de ellas implica algo patológico o algo que no anda bien?
En el modelo standard sí se vería como una alteración patológica, en cambio el nuevo modelo es más dinámico, más libre, se habla ahora de duelos funcionales o disfuncionales .Una conducta puede ser funcional en un principio y disfuncional si se mantiene a lo largo del tiempo.
Este nuevo modo de abordaje para la recuperación no pasa por la ruptura de un vínculo sino por la posibilidad de aprender a vincularse con el fallecido de otro modo. Nadie está preparado para cortar los lazos con un ser querido, produce alivio el descubrir que nuestro amor sigue aún vivo, a pesar de la muerte. El desafío que impone justamente el duelo es encontrar un nuevo sentido en la vida a partir de la pérdida.
Éste nuevo modelo del duelo trae aparejado entonces, un proceso dinámico de reconstrucción, reorganización y transformación del sentido del ser.
(*) Capítulo del libro inédito próximo a publicarse “ES HORA DE HABLAR DEL DUELO”.
(**) La Lic. Liberman es psicóloga, psicoterapeuta familiar sistémica, coordinadora de Grupos, Psicoterapéuticos y Mediadora. Especialista en técnicas de recuperación del Duelo. Docente de la Universidad de Belgrano, curso introductorio a la Terapia de Duelo. Fundadora del Primer Centro de Duelo. Docente del Curso de Técnicas de Intervención en Duelo, Barcelona, España ( 2002). Directora de Duelum, Centro de Recuperación Emocional de la Pérdida. (mail: info@duelum.com.ar )
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FRAGMENTO DE “ES HORA DE HABLAR DEL DUELO”
Diana Liberman
Suele suceder que los padres que enfrentan una muerte perinatal son jóvenes, con poca experiencia en pérdidas significativas, y cuándo están preparados para la Vida llega la Muerte. La situación se hace más difícil cuando el entorno familiar minimiza la pena; suelen decir frases tales como “ya van a tener más hijos” o “la naturaleza es sabia”, aunque la intención sea consolar, esos comentarios solo agudizan el sufrimiento. Los padres necesitan hacer el duelo por el bebé; no pueden en ese momento pensar en el futuro. Ni merecen que se los prive de vivir su dolor.
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QUÉ SI Y QUÉ NO DECIR O HACER POR LOS PADRES QUE HAN PERDIDO UN BEBÉ
MISS Foundation
http://www.missfoundation.org/spanish/dosdonts.html
SI:
– Acepten que no pueden quitar su dolor, pero si pueden compartir y ayudarles a sentirse menos solos.
– Muestren su verdadera preocupación y su cariño.
– Llamen al bebé por su nombre.
– Traten a la pareja igual. Los padres necesitan tanto apoyo como las madres.
– Estén disponibles… para oír, hacer mandados, manejar, ayudar con los otros niños, o cualquier otra cosa que pueda necesitarse.
– Digan “lo siento”, sobre lo que les ha pasado y sobre su dolor.
– Acepten sus cambios de humor, como sea que éstos sean, ustedes no están ahí para juzgar. Sean sensibles a los cambios bruscos de humor.
– Permítanles hablar del bebé que ha muerto cuanto ellos lo necesiten.
– Hablen acerca de las muy queridas cualidades del bebé.
– Den especial atención al hermanito o hermanita, durante el funeral y en los meses siguientes a éste, ellos sufren y están confundidos y necesitan atención que sus padres ahora no pueden brindarles.
– Asegúrenles a los padres que hicieron todo cuanto estuvo en sus manos y que el bebé recibió el mejor cuidado posible.
– Anoten en su agenda o calendario la fecha de nacimiento y de muerte del bebé y recuerden a la familia en los años siguientes. El que ustedes recuerden significa mucho para ellos.
– Invítenlos a salir. Pero entiendan si ellos los rechazan o cambian de opinión en el último momento. Sobre todo, continúen llamándolos y frecuentándolos.
– Manden una nota personal o hagan alguna donación a una obra de caridad que sea importante a la familia en nombre del bebé.
– Adquieran literatura acerca de la enfermedad o condición que causó la muerte del bebé y del proceso de luto para ayudar más a la familia.
NO:
– No piensen que la edad del bebé determina su valor e impacto para la familia.
– No tengan miedo de tocar a los padres. Muchas veces el contacto físico dice más que mil palabras.
– No los eviten por su propio sentimiento de impotencia o de incomodidad, o por no saber qué decir.
– No cambien el tema cuando ellos mencionen al bebé.
– No presionen a los padres durante el proceso de luto, lleva mucho tiempo sanar estas heridas y ellos nunca olvidan.
– No los inviten a consumir alcohol o drogas.
– No pregunten cómo se sienten si no están dispuestos a escuchar.
– No digan que saben cómo se sienten, si no han pasado por algo similar.
– No les digan qué deben sentir o hacer.
– No traten de encontrar el lado positivo de la muerte del bebé.
– No mencionen que al menos ellos tienen otros hijos.
– No digan que ellos serán capaces de tener otros hijos.
– No sugieran que ellos deberían de estar agradecidos por tener otros hijos.
– No piensen que la muerte prohibe volver a reír. Hay mucho por que reír en las memorias que tienen del bebé.
– Eviten las siguientes frases:
* “Se valiente y ya no llores.”
* “Es voluntad de Dios”
* “Es una bendición.”
* “Sigue con tu vida, esto no es el fin del mundo.”
* “Dios necesitó otro angelito en el cielo.”
* “Ahora hay una estrella más.”
* “Por lo menos no era mayor.”
* “Debes de ser fuerte por tus otros hijos.”
* “Lo estás haciendo muy bien.”
* “Eres joven, ya te repondrás.”
* “El tiempo todo lo cura.”
* “Seguramente estaba enfermo.”
Traducido por Carla Hoffmann en memoria de César (04/06/97), Josephine (09/03/97) y Carlota (12/02/98).
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Gilda Arrúa
PEDIR UN DESEO
Darcie Sims
“…Esta noche mirá el cielo y encontrá tu estrella. Y en vez de abrazar el vacío, celebrá el espacio que el amor siempre llena. No perdimos el amor solo porque la luz se fue de esta tierra. Ninguna luz nacida del amor se extingue. JAMÁS”.
Mami y Papi, recuerda que este es mi camino del duelo, pero cada uno/a hace su propio camino.